Diana Larrea - Electrocosmos, 2008
Diana Larrea - Espiral Mudéjar, 2008
Diana Larrea - El Palacio Encantado, 2004
28 de noviembre de 2008 – 11 de enero de 2009
Electrocosmos es un proyecto de Diana Larrea, cuyo punto de partida son las Constelaciones de Joan Miró, una serie de veintitrés aguadas realizadas entre 1940 y 1941
La iconografía de las Constelaciones simboliza todo el orden cósmico y ejemplifica la atenta percepción de Miró hacia los fenómenos naturales. La inconfundible atmósfera mironiana tiene resonancias cósmicas y evoca plásticamente el dibujo que sugiere la disposición de los astros en el espacio celeste.
Las constelaciones han constituido siempre un punto de referencia y orientación para el hombre, que las ha empleado como coordenadas para encontrar el camino perdido. En este sentido, su simbolismo está muy relacionado con la estructura del laberinto, pues el diseño laberíntico se interpreta como un diagrama que conforma en la Tierra un reflejo de la retícula astral; es decir, como una representación que reproduce geométricamente los trazos imaginarios que perfilamos sobre la bóveda celeste. Ambas figuras encarnan ese afán instintivo del hombre por ordenar y dotar de coherencia a su propia existencia.
Basándose en estos conceptos, el proyecto de Diana Larrea dispone dentro de la sala una trama laberíntica de líneas luminosas en forma de muros continuos de luz, compuestos por una serie de tubos fluorescentes blancos dotados con sendos soportes que los fijan al suelo. Este sistema de puntos de iluminación, diseminados y organizados sobre un fondo vacío oscuro, evocará un campo de energía astral, un microcosmos de trayectorias lineales concebidas como expresión poética de las fuerzas motrices del universo. En esa instalación laberíntica polifocal, los espectadores podrán entregarse a la contemplación y poner a prueba su capacidad para orientarse. El propósito de la artista es construir una pieza que invite a la participación activa del público, recorriendo el trazado establecido, como si se tratara de una adivinanza que pide ser descifrada mediante la intuición.
La pieza posee además un sentido metafórico oculto, como una recreación actualizada de un clásico ritual iniciático, que coloca al público en el centro mismo de una gran imagen mítica, envolvente y casi de ensueño, dotada de un fuerte poder de evocación, puesto que suscita en la imaginación del espectador un modelo ancestral.